La miopía infantil se ha convertido en uno de los grandes temas de la oftalmología…

Miopía infantil: la epidemia silenciosa que ya tiene formas de frenarse
La miopía en niños crece a un ritmo que preocupa a los especialistas. Las estimaciones apuntan a que, de mantenerse la tendencia, la mitad de la población mundial podría ser miope en 2050. No es solo una cuestión de gafas: la miopía alta aumenta el riesgo de complicaciones serias en la edad adulta, como desprendimiento de retina, glaucoma o daño macular. Por eso el objetivo de los tratamientos no es curar —la miopía no se revierte— sino frenar su avance.
¿Qué funciona?
La evidencia más reciente, recogida en revisiones científicas de 2025, señala varias estrategias que pueden combinarse y deben individualizarse. La atropina en gotas a dosis bajas, aplicada por la noche durante un par de años, ayuda a frenar el crecimiento excesivo del ojo. Las lentes y gafas de control de miopía, con tecnologías de desenfoque periférico, han mostrado en datos recientes que su uso prolongado mantiene el efecto en el tiempo, y que combinarlas con atropina puede dar resultados aún mejores. En casos seleccionados se emplea la ortoqueratología (lentes nocturnas), y como opción emergente está la terapia de luz roja de bajo nivel, aún en evaluación.
Y hay algo que no cuesta dinero y que la ciencia respalda con fuerza: más tiempo al aire libre y menos trabajo de cerca sin pausas. La luz natural estimula la liberación de dopamina en la retina, que ayuda a frenar el alargamiento del ojo. Una recomendación práctica para casa y colegio: descansos frecuentes y horas de juego al exterior. Y, por supuesto, una revisión anual de la vista de los más pequeños.
